teologia

La guerra fundamentalista contra Wokeness es en contra del amor cristiano

Share This:

Michael F. Bird (PhD) es Decano y Catedrático en Nuevo Testamento y Teología en Ridley College (Australia). Entre sus muchas publicaciones esta Evangelical Theology (Zondervan) y Jesus el Eterno Hijo de Dios: Una Respuesta a la Cristologia Adopcionista (Publicaciones Kerigma).

(Nota: En inglés el adjetivo informal woke se usa para referirse, entre otras cosas, a una concienciación o sensibilidad ante las injusticias sociales dirigidadas a grupos minoritarios en USA. Tambien hay usos peyorativos o ideológicos.)


Hace poco, tarde en la noche, mi hija vino a mí bastante enojada a mostrarme el vídeo del estudio bíblico que estaba viendo, el cual era bastante alarmante. En el vídeo, un tal Jeff Durbin (de quien nunca había oído), quien al parecer estaba tratando de imitar al Mark Driscoll de 2005, dice:

«¡La prostituta evangélica woke es una perra acostada en medio de una ciudad ardiente con las piernas abiertas para los alborotadores y saqueadores, extendiéndoles sus piernas a Marx, Engels, Alinsky y Sorros…!»

Además, Owen Strachan, a quien he conocido cordialmente, ha impartido una serie de charlas para denunciar la influencia del wokeness en las iglesias evangélicas. Esto ha recibido muchos comentarios.

Bien, permítanme tratar de ser esa rara voz de la razón en este asilo político y religioso.

En el asilo politico y religioso

Créame que conozco el wokeness; resido en Melbourne (AU), cómicamente conocida como la Melbingrado, una de las ciudades más conscientes del mundo cuyo Gobierno es tan progresista que hace que California se parezca a Alabama. De hecho, el Gobierno creó una segunda ola de COVID 19 cuando concienció a los guardias de seguridad de los centros de cuarentena en cuanto a la diversidad social, pero no así en el control de infecciones (por eso he pasado los últimos tres meses viviendo bajo un orden cuasi marcial). 

He escrito para revistas políticas criticando el autoritarismo progresista que demoniza a la clase obrera que votó por BREXIT y Trump. Soy un consumidor ansioso de medios tales como  Quillette, Heterodox Academy, SpikedOnline y sigo a autores como Douglas Murray, quienes se dedican a confrontar a los burgueses bohemios sobre temas como la libertad de expresión y los derechos de las mujeres. También sé muy bien que la jerarquía de la identidad progresista divide a todos en opresores y oprimidos, imputándole a las minorias etnicas ciertas características morales inmutables y (lo peor de todo) atacando brutalmente a las minorías si no desempeñan obedientemente sus funciones dentro de dicha jerarquía. Por ejemplo, Vicky Osterweil, autora de In Defense of Looting [En defensa del saqueo], hace una afirmación monstruosa en términos de moral para justificar el saqueo de las empresas coreanas porque al igual que los judíos son los rostros del capital. Así que usted esperaría que simpatizara con la retórica de Durbin y Strachan; no es así. Permítame explicarme.

No me parece que toda esa campaña en contra del wokeness y de la Teoría de la Crítica Racial  de veras esté oponiéndose al autoritarismo progresista ni a su política racial divisiva, sino sirviendo de excusa para negarles a las minorías étnicas sus agravios y cualquier responsabilidad de parte de las iglesias blancas.

En mi opinión, el reconocimiento de la realidad del racismo, la discriminación y la injusticia (sean histórica, cultural, institucional) y la determinación de cambiarla no requiere el patrocinio de una narrativa marxista ni convertirse en wokeMás bien, es el desarrollo de la tradición política y liberal arraigada a una cosmovisión cristiana en la que todos deberían tener los mismos derechos, libertades y oportunidades. Como George Washington cita la Escritura: «Cada uno se sentará bajo su parra y su higuera».

Las iglesias y los  líderes cristianos no están prostituyéndose ni transigiendo cuando se ocupan del racismo, la brutalidad policial, la atención médica asequible, la protección de los refugiados, la lucha contra la pobreza, el fin de la trata sexual, el clamor por una política ambiental sostenible, la garantía de que las personas LGBTI tengan el derecho a trabajar, así como la defensa de los no nacidos, la promoción del cuidado paliativo como alternativa a la eutanasia, la salvaguardia de la libertad religiosa, la oposición a las industrias de los juegos de azar y pornografía. Están siguiendo la tradición cristiana de dos mil años, amando a su prójimo, acordándose de los pobres, siendo buenos samaritanos, imitando a Cristo, odiando el mal, amando el bien y estableciendo la justicia a la puerta de la ciudad.

La gran amenaza

Si usted quiere hablar de la prostituta evangélica, sepa que [el apodo] es aplicable a las iglesias que

  • están atadas a la supremacía blanca,
  • que engordaron sus corazones en los días de la matanza,
  • ungiendo a los políticos y convirtiendo a Jesús en el césar,
  • sedientos por guerra como el bebé que anhela la leche de su madre,
  • participando en un tipo de religión civil que combina lo peor de los prejuicios raciales con mitos de infalibilidad nacional.

Ese evangélico es el falso profeta que lleva a que

  • otros se postren y adoren a la bestia de pies de la economía darwiniana,
  • piernas de corporaciones y colonias,
  • un estómago de indiferencia moral ante el sufrimiento de los demás,
  • brazos de la confederación y misoginia,
  • y una cabeza al estilo de complejo militar-industrial.

Así que, no crea la mentira de que el reconocimiento de la historia de injusticia racial y priorizar la búsqueda de la justicia racial es wokeness. No crea la mentira de que toda justicia social es impulsada por la ideología marxista. ¡No! Antes bien, es el mandato de los profetas, lo que Jesús espera de sus seguidores, aceptado por la Iglesia y la aspiración de las democracias constitucionales, no a pesar de, sino precisamente por su herencia cristiana.

Déjeme aclararle que amar al prójimo conlleva que nos interesemos en que reciba un trato justo, ya sea negro, hispano, pueblos originarios, LGBT, migrante, musulmán, de la clase trabajadora o incluso bautista. Cualquier otra excepción del deber cristiano de interesarse en el bienestar de los demás y que el prójimo reciba un trato justo es un atentado contra el mandato bíblico de amar.

La guerra fundamentalista contra wokeness es en contra del amor cristiano.


Con permiso del autor. Originalmente publicado en inglés. The Fundamentalist War on Wokeness is a War on Christian Love. Traducido por Déborah E. Ortiz Rivera, interprete y traductora en Church of God.