Rey, sacerdote, profeta y el rol pastoral

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(Caleb Miranda [M.Div] en la segunda reflexión sobre el libro The Pastor as Public Theologian: Reclaiming a Lost Vision por Kevin J. Vanhoozer y Owen Strachan.)

El oficio pastoral: participando en el ministerio de Jesús.

Mencionamos en el post anterior que el pastor/a es una peculiar figura pública donde la teología es su herramienta principal. La teología existe para la iglesia y proviene de la iglesia. El pastor/a enseña teología para así poder edificar a la iglesia en la imagen de Cristo para el avance del reino.  Según los autores el pastor/a participa en cierta manera en el triple-oficio de Jesús. En la teología histórica Protestante el término se conoce como el munus triplex (oficio triple) Cristo como profeta, sacerdote y rey. En el Nuevo Testamento estos tres oficios son identificados con Cristo como su máximo prototipo y cumplimiento. Los Reformadores conciben estas conexiones cruci-pactuales cuando el pastor/a pone en función su vocación. De esta manera la obra de los profetas, reyes y sacerdotes informan nuestro entendimiento de la labor del pastoral. Strachan señala que el ministerio pastoral de una peculiar forma hereda el “privilegio y la responsabilidad de guiar a la ekklesía vía el nuevo ministerio de reconciliación, el evangelio.”[1]

Sacerdote: ministrando gracia 

El ministerio pastoral se encuentra centrado alrededor de la persona y obra de Cristo. De ahí la importancia de la renovación del pacto de Dios en el evangelio. Ministrar gracia es comunicar la mediación de Cristo para la remisión de los pecados y así mostrar el amor reconciliador de Dios en la cruz. “El pastor no dispensa gracia en actos físicos o formulaciones espirituales sino que proclama el evangelio de la gracia en Cristo a una humanidad que desesperadamente lo necesita.”[2]  En el antiguo pacto se necesitaba un sacrificio expiatorio. En cambio en el nuevo pacto Jesús se ofrece como el sacrificio justo y perfecto. El sacerdote en el Antiguo Testamento era el intermediario entre el pueblo y Dios. Era un mediador entre prácticas de purezas e impurezas, bendiciones, maldiciones, perdón y pecado. El sacerdote igual enseñaba la Ley y santificaba al pueblo. En el Nuevo Testamento el pastor/a guía a la ekklesía hacia la obra reconciliadora de Cristo.

Rey: ministrando sabiduría

Parte de rol de los reyes de Israel era representar los intereses públicos de Dios. En humildad y esperanza el rey dispensaba/aplicaba las directrices dadas por Dios. El rey sabio escuchaba la voz de su pueblo y guardaba la Torá.  Gobernanza en sabiduría era uno de los rasgos de un rey proveniente de la dinastía davídica. El rey de Israel, era el caudillo de Dios, listo para comandar el ejército.

Analógicamente, el pastor/a es aquel que anuncia al rey Cristo promulgando que todos los enemigos de Dios han sido derrotados en la cruz con el poder de la resurrección. El mensaje del Mesías ha invertido la sabiduría humana, donde el último será primero y el primero ultimo, exaltando a los humildes y rechazando a toda arrogancia humana.  “El pastor/a no es un rey, no obstante participa en el oficio de Cristo, donde el reino no llega en poder imperial romano sino en la debilidad cruciforme del creyente.”[3]

Profeta: ministrando la verdad

“El ministerio del profeta es el ministerio de la Palabra de Dios y por lo tanto el ministerio de la verdad.”[4]  El profeta funcionaba como el portavoz de Dios cuando el pueblo de Israel se desviaba del propósito divino. El profeta no solamente denunciaba el pecado sino también anunciaba la solución al problema. El profeta se encargaba de recordar y velar con celo la santa ley de Dios y la fidelidad del pueblo de Israel al pacto.

De forma similar el pastor/a se encuentra a cargo de enseñar y predicar las verdades de las Sagrada Escritura y el máximo ministerio profético que es el Hijo hecho ser humano, la palabra encarnada. El pastor anuncia la iniciativa transformadora de la unión que tiene la ekklesía con Cristo por medio del Espíritu Santo. Dios se ha dado a conocer de una vez por todas en Jesús, el Dios-humano.

Conclusión

El pastor-teólogo como pensador público, se encuentra en una muy extraña encrucijada. La vocación pastoral ha perdido el prestigio que quizás en un pasado poseía en la sociedad secular.  Es inevitablemente es una figura contra-cultural, es decir, va en contra de todo comportamiento deshumanizan y contra de todas las normas sociales que atentan en contra de lo que Dios ha hecho bueno.  En fin el pastor-teólogo público comunica al cruciforme Cristo resucitado.

¿Qué otras responsabilidades le pertenecen al pastor/a? ¿Qué otros retos difíciles enfrenta la pastoral?

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[2] 51.

[3] 54.

[4] 55.