Notas de sermón, Atrévete a confiar, Mateo 6:25-33

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Introducción

Dudar es humano. Es más, dudar de cosas que hemos aceptado sin análisis o que son ampliamente aceptadas por la sociedad puede ser el comienzo de madurar y crecer. Puede ser bueno. Pero también dudar puede convertirse en una experiencia paralizante cuando la duda lo que refleja son nuestras más profundas inseguridades o refleja nuestra incredulidad. Hoy queremos hablar de las dudas que tenemos mientras vivimos esforzandonos por seguir a Jesucristo.

Pero primero varias aclaraciones parecen necesarias. Una duda no es escepticismo—la postura sistemática de dudar todo. Segundo, dudar no es incredulidad—la decisión de rechazar la fe en Dios porque  no cabe dentro del marco ideológico que tenemos. Incredulidad es un reflejo de tu voluntad. Sin embargo, la duda refleja nuestra inseguridad en tratar de entender algo. Cuando dudamos siendo cristianos significa que tenemos preguntas y que no nos sentimos seguros. Aunque, como veremos, la ansiedad por nuestras necesidades puede convertir una duda en falta de fe e incredulidad.

Entre la ansiedad y la confianza

En el capitulo 6 del evangelio de Mateo Jesús se acerca al tema de la ansiedad que se produce cuando se duda que Dios tiene cuidado de sus hijos ante las dificultades del diario vivir. Las preocupaciones que los discípulos comparten no solo son comunes ante nosotros hoy día, sino que se acercan demasiado a fondo de la lucha en una situación de carencia donde al mismo tiempo se confiesa confianza en el Dios de la vida, el Padre proveedor. En esta sección ya Jesús les había enseñado a sus discípulos y seguidores acerca de la generosidad, la oración y el ayuno.  Más aun les enseño la gran oración del Padre Nuestro y ahora toma el tema de la confianza en Dios ante la preocupación por la necesidades básicas del diario vivir.

Dice Jesús:

Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán.¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa?… ¿No valen ustedes mucho más que ellas? 27¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida? 28¿Y por qué se preocupan por la ropa?… 30Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe?31Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?” 32Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan.33 Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.

Jesús  enseña que gran parte de lo que sacude la mente en las preocupaciones diarias (ciertamente la de sus discípulos) es la falta de fe en Dios. Es decir, en muchas de nuestras luchas como seguidores de Jesús donde nos sentimos acaparados por ansiedad, esta melodeando el espectro de la incredulidad.

El Padre celestial que cuida a sus hijos

Si muchos predicadores de prosperidad caen en el grave error de apelar a los deseos de los cristianos por la seguridad material, usualmente al estilo del “American Dream”, somos muchos los que igualmente somos culpables de dudar que Dios sí provee para nuestras necesidades materiales. Jesús aquí enfatiza el poder y soberanía de Dios para organizar hasta el mundo natural y  la realidad de sus seguidores. Pero, también es claro que solo se garantiza que Dios provee lo que necesitamos y no lo que queremos.

Al final del verso 32 dice,

el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. 33 Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.

¡Esto es una promesa espectacular! En todo lo que hagas, desea los propósitos de Dios primero y el te dará lo que necesitas para vivir para su gloria y para nuestra alegría. Creer en esa promesa en virtud de nuestro seguimiento de Jesús (el que será confesado por esos mismos discípulos como el Salvador crucificado y resucitado) es esencial para batallar contra la incredulidad y vivir en el abrazo de presencia de Dios.

La delicia de promesas poderosas

Por esta razón es indispensable que los discípulos de Jesús conozcan la Palabra que este considero inspirada y eficaz y que los apóstoles afirmaron como capaz de transformar la vida. Nos acercamos a las escrituras que están llenas del Espíritu de Cristo para afirmar sus promesas como herramientas de batalla.

  • Ante temor e inseguridad,” Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angustias, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa” (Isa 41:10).
  • Ante debilidad, Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Cor 12:9)
  • Ante decisiones futuras, “El SEÑOR dice: Yo te instruiré, yo te mostraré el*camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti”( Salmo 32:8).
  • Ante amenazas, “Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?” (Rom. 8:31)
  • Ante alguna enfermedad, “porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; 4 la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. 5  Y esta esperanza no nos defrauda” (Rom. 5:3-5).
  • Ante frustración, el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá*perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús (Fil. 1:6) y El que los llama es fiel, y así lo hará (1 Tes. 5:24).

Afirmar estas promesas implica que estoy buscando el reino de Dios y su justicia. Implica que entonces yo puedo confiar en el y por eso me acerco a Dios en oración, en la confianza de que en su Hijo Jesucristo encuentro mi Buen Pastor.

“Que venga a nosotros tu reino”

¿Sabes cuál es la vi principal para esperar la provisión de Dios? La oración.  Orar teniendo en mente las promesas de Dios sobre su cuidado y su soberanía sobre toda nuestra vida, como parte de una comunidad de discípulos, es la actividad esencial para esperar en Dios.

Entreguemos nuestras ansiedades. Asi el apóstol Pedro anima a la iglesia, “Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes.” 1 Ped. 5:7.