En busca de esperanza

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Recuerdo que en mi niñez hubo una temporada en que veía muchas películas de horror. Mi favoritas eran las de zombies. Sí, esos humanos cuyos destinos mortales estaban sellados si de alguna manera fueron infectados, mordidos o rasguñados. Si esto pasaba, se convertían en muertos caminantes. ¡Huí! Las películas de zombies me atraían porque el enemigo era claramente una aberración humana. De alguna manera la mujer infectada ya no era ella. El hombre infectado no era ya el mismo. Es decir, era fácil identificar que algo malo los había cambiado a tal punto que no eran, pues, humanos.

Las obras de “miedo” tanto en la pantalla como en las paginas de un libro juegan con nuestras definiciones de lo que es ser un  humano, de cuál es el significado la vida, de lo misterioso y absurdo y tenebroso que puede ser las cantidades de cosas que no podemos explicar. Pero también apuntan a una realidad existencial: El mal, la maldad y la violencia, aunque podamos encontrar causas parciales para comprender su manifestación y existencia, al fin se trata de una realidad limite, irracional y de la negación de la vida.

Tome por ejemplo las decenas de personas que perdieron la vida en Noruega ante un arranque de odio de un trastornado que decidió emprender contra jóvenes en un campamento de verano. Las noticias y artículos de revista que leí al principio no encontraban palabras para describir lo sucedido. Quizás estaba loco, esquizofrénico, decían algunos. Es un terrorista, fanático, racista. Otros descubrieron que era una persona solitaria, propenso al rechazo, antisocial, con una vida conectada al imaginario violento de grupos “cristianos” fanáticos. Especularon iguáleme que dadas las condiciones económicas europeas, esto es el resultado de partidos políticos conservadores. Y por ahí siguen las especulaciones.

Pero me llama la atención cómo la gente, las noticias, los analistas, y gobiernos no quieren utilizar la categoría del “mal” para acercase al asunto. Parecería que pronunciar la oración “ese hombre es malvado” (Evil) invita la admisión de que la maldad es una experiencia objetiva. Implica la admisión de que el mal es una experiencia objetiva y que seres humanos somos capaces de actualizar el mal a distintitos niveles.

Pero cualquiera que sean las ultimas razones de esta película de horror, hay algo que podemos afirmar como discípulos Jesucristo: el mal y la maldad humana es una realidad que no podemos negar y que nuestro problema, pero a la vez no es la realidad ultima. Jesús problematiza el asunto argumentando lo siguiente:

Nada de lo que viene de afuera puede contaminar a una persona. Más bien, lo que sale de la persona es lo que la contamina…  Lo que sale de la persona es lo que la contamina.21 Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios,22 la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad.23 Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona (Marcos 1:16-24)

Cierto que Jesús no ignora cómo hay tanto factores que pueden ejercer una influencia fuerte negativa sobre cada persona o comunidad. Por eso en otras ocasiones el se presento como “El Buen Pastor” que sana a las ovejas, o como “La puerta” por la cual entrar a la vida, o el descanso y libertad que necesita la gente ante tanto tipos de opresiones que nos afectan. En fin, Jesús reconoce las múltiples caras del mal y se presenta como el libertador y sanador de la maldad que nos aqueja.

Nuestra sociedad ha perdido la capacidad de identificar moralmente los problemas porque ha olvidado al autor de la vida. Queremos darle soluciones tecnológicas, económicas, psicológicas a asuntos que nacen primariamente de nuestro encorvamiento egoísta de hacer vidas sin referencia a Dios. La maldad nos desforma. Martín Lutero decía que nuestro problemas es que vivimos incorvatus inse, encorvados hacia nosotros mismos.

La esperanza cristiana no yace que podemos explicar el mal o la maldad. Eso ni siquiera Job pudo hacerlo; aunque tuvo por demás explicaciones filosóficas y religiosas de sus amigos. Tampoco encontramos que Jesús “explico” el mal. Lo que vemos es que Jesús nos planteo que la realidad del mal se debe al pecado humano y al enemigo de las almas. Pero la ultima realidad que define todas las realidades es lo que Dios esta haciendo en Cristo para reconciliar al mundo y recrearnos como mujeres y hombres a la imagen de su Hijo. Jesus nos enseño que podemos orar “libranos del mal” porque primero oramos, “que venga a nosotros tu reino”.

La esperanza cristiana sostiene que Jesús como Hijo de Dios, es Salvador y Juez. Ell testimonio bíblico en Juan nos afirma que en Cristo estaba la vida y la luz y lo seres humanos desearon más las tinieblas. Nuestra isla sufre de estas tinieblas y de la violencia que esta genera. Pero apesar y por encima de todo la esperanza cristiana yace en que desde ahora podemos comenzar a vivir el reinado de Dios en nuestra vida, como su pueblo, allí donde afirmamos el amor por encima del odio, la obediencia de fe por encima del egoísmo, el perdón por encima de  la venganza, la fidelidad por encima de la deslealtad, la generosidad por encima de la avaricia, el seguimiento de Cristo por encima de la religiosidad.

Las escrituras testifican que Jesús toma nuestra maldad y la sufre porque solo el Dios de la vida puede anular el pecado y sus consecuencias de muerte. Dios en Cristo hace y hará justicia. Jesús nos transforma para que seamos como él es. Dios se hizo como nosotros para que seamos como él es. Y esa es una película que podría ver todo los días.